Nos paramos en el número 68 de la calle Clavel para fijarnos en un inmueble construido en el siglo XIX: la casa de la familia Earle Trilla. Sus tataranietos, que aún la habitan hoy, mantienen viva una historia que se inició en 1870 cuando su predecesor, James Earle Wood, militar británico destinado en Gibraltar, decidió asentarse en la ciudad de La Línea.

James Earle Wood abandonó su condición de protestante y se hizo católico para contraer matrimonio con una hija de otra de las familias importantes en la ciudad, los Sacconne, y juntos fundaron una saga familiar que perdura en pleno siglo XXI en los cimientos de este inmueble de dos plantas.

La primera de ellas conserva el estilo de la época, pero a mediados del siglo XX, en la década de los 50, los nietos de James Earle decidieron levantar una segunda planta donde se deja entrever la buena acogida que la familia por entero había tenido en la ciudad imprimiéndole un toque típicamente andaluz y español.

 

El inmueble alberga dos viviendas unifamiliares con acceso en los extremos de las mismas y tienen su punto de unión en una cubierta sevillana, destacando el azulejo central con motivos florales. El cuerpo inferior de la fachada tiene la típica composición linense del siglo XIX con muros de piedra labrada y arcos de medio punto.

La segunda planta, construida en 1956, destaca por los huecos adintelados, el mirador cuadrangular y el cuerpo de la escalera decorado con ladrillo cara vista. Remata una azotea transitable con barandilla y pirindones de vidriada a juego con la teja curva.

De orígenes militares, la familia Earle Trilla no continuó la carrera de su fundador, aunque se convirtió en uno de los más importantes componentes de la burguesía industrial de la ciudad.

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La Nueva Línea