La Iglesia de la Inmaculada Concepción, ubicada en la plaza de la Iglesia, ocupa un destacado lugar en el libro de honor de la ciudad por ser el primer edificio dedicado al culto cristiano que se construyó en la Línea, entre los años 1873 y 1879

El templo fue levantado sobre tres naves – la central de mayor altura y doble ancho que las laterales- separadas por gruesas pilastras que sostienen arcos de medio punto.

Tras el altar mayor se encuentran las dependencias destinadas a archivo y sacristía, y el coro se complementa con una balaustrada de reja que rodea al espacio diáfano de la nave central. Este espacio se ilumina con diez ósculos decorados con vidrieras.

La fachada principal del templo reproduce la organización tripartita del interior mediante pilastras rematadas por jarrones de gran tamaño destacando en la misma el frontón del reloj y la espadaña de las campanas.

Edificado en el siglo XIX el templo es de origen ecléctico y aúna el estilo historicista y el colonial con remates andaluces. El retablo mayor que preside el templo, de carácter barroco, fue donado por la Duquesa de Parcent.

Como elementos singulares hay que reseñar las esculturas de madera policromada del imaginero Ortega Bru, el retablo de corte neoclásico del Cristo del Gran Poder realizado por el artista Antonio Castillo y obras del pintor Cruz de Herrera.

La Nueva Línea